En Postgrado
La necesidad de cooperar para poder hacer cambios
A lo largo
de los años es innegable que la estructura y la reglamentación
de nuestro sistema nacional de postgrado ha evolucionado gracias a la continua
reflexión y a los aportes de muchso estudiosos en el tema, que al ser adecuadamente
insertados en la práctica académica nos permite decir ser adecuadamente insertados
en la práctica académica nos permite decir que los estudios de cuarto y quinto
nivel tienen en la actualidad un enfoque bien definidos, cuentan con directrices
más o menos claras en lo concerniente al proceso que debe seguir su creación
y acreditación. Y a pesar de que estas normas puedan y deban ser continuamente
revisadas, porque así lo exige la dinámica académica, sin duda alguna, esto
debe ser considerado como un logro importante sobre el cual podemos seguir
construyendo.
E indudablemente ha llegado el momento de tener que hacerlo. Las nuevas formas
de concebir el proceso de enseñanza-aprendizaje utilizando tecnologías de reciente
desarrollo; la necesidad de considerar, con todo rigor, la capacitación profesional
como una vertiente muy importante en el proceso de formación capital humano
indispensable para el país; la proliferación de ofertas de estuido de parte
de muchas instituciones con el otorgamiento de algún título o diploma académico,
solo para citar algunas situaciones, son realidades que dái a día van abriéndose
espacio en el ambiente académico y que obligan a hacer nuevos para adecuar
a estas realidades los instrumentos que regulan el proceso de supervisión de
los estudios de postgrado.
¿Pero de que esfuerzos estamos hablando? Estamos hablando de rescatar el valor
de algunos de los niveles que, aún siendo reconocidos como válidos en la estructura
del postgrado, no reciben por diversos motivos, el reconocimiento académico
que merecen en v.g. las especializaciones y los estudios de ampliación de conocimeitno.
Estamos hablando de la necesidad de diseñar nuevos mecanismos de evaluación
para cursos de este tipo, para que, al igual que las maestrías y los doctorados,
garanticen el nivel de calidad necesario de profesionales de buen nivel. Estamos
hablando de discutir en torno a lo que se entiende, en disciplinas distintas,
como destreza o capacitación fundamental para merecer una credencial académica
de alto nivel. Estamos hablando, en fin, de intentar ubicar, de acuerdo con
sus objetivos, a los distintos programas que ofrecen las instituciones académicas
después del tercer nivel y evaluarlos debidamente en función de los que verdaderamente
son y no a lo que eventualmente pretendieran ser.
Para que esto sea posible será necesario reunir nuevamnete a lo mejor de nuestra
capacidades y experiencias. El núcleo de Autoridades de Postgrado, las Coordinaciones
de Postgrado y Profesores interesados, CONICIT, Fundayacucho, el IVIC, junto
con el Consejo Consultivo Nacional de Postgrado pueden acometer la tarea de
remozar, una vez más, nuestros instrumentos legales y la estructura organizativa
del Postgrado, para adecuarla a las exigencias que están a la vista.
Afortunadamente contamos con un importante número de persona con amplia experiencia
en el tema y con la buena voluntada de las distintas organizaciones que tiene
que ver directamente con la marcha del postgrado nacional, las cuales, en el
entendido que perseguimos los mismos objetivos, están en la mejor disposición
de trabajar conjuntamente. Esta señal de madurez, es otro de los valores producto
de los años de intenso trabajo para cimentar los estudios de postgrado que son
la mejor expresión de la Universidad.
C.B |